Mundo Linóleo
Desde Cricklewood para todo el planeta

No puedo parar de mover el pie

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Principios de los años noventa:

Por aquel entonces yo era un chaval que aun estaba modelando sus gustos musicales entre otras cosas, empezaba a dejar atrás los ochenta, empezaba a conocer gente interesante en la facultad de Historia de la UAM en la que estudiaba mi primer curso.

En la universidad me relacionaba con todos, siempre he sido muy sociable, hablaba con hippies, con simples, con siniestros, con los heavies. No se cómo me verían ellos a mi por aquel entonces, quizás solo algo hippie-pijo, sin definir muy bien pero cercano a todos y peculiar. Todavía me acuerdo que un grupo de amigas me decían de esos primeros días universitarios; “te veíamos entrar en el bar de la facultad con los walkman y muchas veces cantando tu solo en la mesa mientras dibujabas algo”

En lo musical pues era la época que iba a ver a los Mission y en mi carpeta solo llevaba fotos de u2. Entonces empezaba a aprender de música más en general, los amigos me iban descubriendo los grandes grupos, ya me gustaban los Rolling Stones, empezaba a saber de Led Zeppelín, de Los Doors, de La Creedence.

Del blues poco sabía o nada. Pensaba en blues y solo se me ocurría “Road House Blues”de Los Doors y punto pelota. Sabía que había influenciado todo el rock and roll pero nunca había oído a un bluesman de verdad.

Mis amigos heavies un día me invitaron a ir a la fiestas de ni me acuerdo que barrio para ver a Barricada, en fin… hasta ese momento todo predecible, litros, patatas fritas, rumai y rock radical. Hasta que uno de ellos dijo, “ahora vamos a ir a un bar que se llama la Coquette, a ver un concierto de blues”. Pensé; flipa, algo nuevo. Iba sin tener mucha idea, me iban contando en el metro más o menos qué nos encontraríamos allí, pero yo que iba algo fumao y tal, pues ni me imaginaba como sería el asunto.

Al llegar al bar y bajar por las estrechas escaleras empecé a darme cuenta al oír la música enlatada que aquello era otro universo que se me abría de repente. La cuevita a lo Cavern de los Beatles, la gente con sus tercios de cerveza, espeso humo de los cigarros. Esperábamos… y de repente salen los músicos, despacito, formación clásica: bajo, batería, guitarra y armónica.

Cuando empezó a sonar el blues a todo trapo y su ritmo empezó a poseerme como si de vudú se tratase, aluciné en colores y caí rendido ante esta nueva música para mi, disparada directamente al corazón. No podía dejar de sonreír, de mover el pie, de acompañar con la cabeza el ritmo del bajo, se me iban los dedos en cada solo del guitarra. Fue una de las experiencia más inolvidables de mi vida ese mi primer concierto de blues en vivo. Era la Tonki Blues band con Ñaco Goñi, el año 1991. Desde ese día amo el blues.

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4 comentarios to “No puedo parar de mover el pie”

  1. Yo la he visto un par de veces a Ñako Goñi, las dos en la provincia de Cáceres.
    La primera vez en una bar que ya no existe aquí en Cáceres y tocaba con Malcom Scarpa.
    La segunda fué en Plasencia y tocaba con los Bluescavidas, he decir que las dos veces me lo pase genial, sobre todo la segunda y que no se me olvidará nunca la cantida ingente de gin tonics que se pudo beber el Ñako durante la actuación.

    Alberto: VIVA EL BLUES !!!!!!!

  2. Hola viejo amigo. Vaya recuerdos me han llegado al leer tu historia. Lejos quedan aquellos días de experimentación extraña en garitos clásicos como La Coquette, Segundo Jazz, Clamores… hace poco ha dado la casualidad que escuché “Blues Corner”. Contaré un pequeño secreto, desde aquellos días hasta hoy me enamoré de un instrumento musical como la harmónica , tan simple como desconocido, me compré una hace unos meses pensando que sería fácil aprender a tocar, pero la cosa está pelín complicada.

    Te seguiré leyendo. Un saludo.

  3. Hombre Quasar ¡¡ qué sorpresa y que alegría que escribas por aquí.

    Yo también intenté tocar la harmonica y es chungo aunque parece fácil.

    Fatpower: No se cómo aun resiste el higado de Ñaco, ya entonces era un hombre pegado a una birra.

  4. Ya sabes Lino, los viejos rockeros nunca mueren 😉


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