Mundo Linóleo
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No sin mi cámara

Con los años uno se vuelve más maniático haciendo fotos en los viajes.

Como dice Tacitus en su blog, ahora la gente esta obsesionada con tener la cámara bien repleta de fotos y todos tenemos lo que él llama “el síndrome Nikon”, bajarse del autobús hacer la foto y marcharse. ¿Pero realmente nos ha dado tiempo de sentir el lugar? ¿Solo pensábamos en hacer la foto?

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Hoy en día con las digitales pasa más que antes, como puedes hacer miles de fotos sin tener que cambiar el carrete y sin ir a revelar, pues uno no suelta el dedo del disparador. Incluso vas a un concierto de rock y la gente esta más pendiente de hacer la foto o grabar el video de su grupo favorito que en disfrutar solo de la música.

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Una de las cosas más comunes que pasan en las parejas con las fotos de viajes es que uno de los dos ya casi no sale. En mi caso soy yo, me gusta hacer las fotos a mi, y además soy un plasta cuando me las hacen porque no dejo que el otro la haga a su gusto, digo “saca esto” “ponla al revés”. Y difícilmente tienes una instantánea de pareja, de los dos juntos, salvo que alargues la mano y hagas esa foto que se te ve un cabezón y detrás algo parecido a un paisaje tapado.

Pero lo peor de todo es pedir a uno que pasa por ahí que te saque una foto, eso es una lotería terrible, y claro no vas a mirar y borrar y decirle que te haga otra al pobre viandante. Cuando le dejas la cámara a un desconocido pudes esperar lo peor. La foto sale borrosa, te saca a ti bien grande y el monumento famoso ni se ve. Un desastre. Mejor no dejéis la cámara a cualquiera.

Cuando estuve en Copenhague alquilé una bicicleta, al llegar a la zona típica de los barquitos y las casas de colores le pedimos a uno que pasaba por allí que nos hiciera una foto. Bien pues el tipo era un marinero que salía del bar pelín pedo. Yo pensé “Ya veras la que lía” Al revelar esa fotografía estaba borrosa, estaba como él, pedo. Ahora la miro y me parece cachonda, entonces le hubiera tirado al canal.

3 comentarios to “No sin mi cámara”

  1. Yo experimenté en primera persona la “novedad” de ir a un concierto con una camara digital y hartarte de hacer fotos en las tres primeras canciones y estar tan pendiente fotografiar que de pronto te das cuenta de “ostia puta, voy a disfrutar del concierto, tanta puta foto ni pollas”.

    Me pasó en el concierto de U2 en el Calderón de hace dos años, y creo que duré haciendo fotos compulsivamente hasta Electric Co. Después, ya me espacié, porque si no, me iba a volver loco. Y qué gran noche fue esa.

  2. tienes razon, nos pasamos mas tiempo haciendo las fotos que disfrutando lo q tenemos enfrente y como tu dices, es una puta loteria dejar la camara a alguien, pero no porque pueda hacerla mal sino porque salga corriendo con ella!!! ademas ahora Ana dudo que le dejara el tocho ese de camaron que tiene a nadie desconocido, menudo disgusto se daría…


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