Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.
Aqui es un extracto
La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 39.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 14 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.
Todas las mañanas camino del trabajo cojo el Overground en la estación de West Hampstead. Es esta un área relativamente cerca de mi casa, situada en el noroeste de Londres, que esta llena de cafés, pastelerías, restaurantes y tiendas de barrio que le dan un aire muy bohemio. Los comercios están situados sobre todo en la West End Lane, y es precisamente en esta calle donde está el Billy Fury Way.
Se trata de un estrecho y largo callejón, apenas transitado, que no tendría ni pizca de gracia si no fuera por que está dedicado a la estrella del rock and roll británico de los años cincuenta Billy Fury. El muchacho poseía una bonita voz y algunas de sus canciones llegaron casi al numero uno de las listas británicas. Billy Fury incluso rodó alguna película y llegó a escribir una canción a Elvis Presley. Aunque su carrera fuera orientada por su discográfica a un público adolescente, con muchas baladas de amor, tiene alguna que otra canción rockabilly que no esta nada mal. Murió joven, a los 42 años, debido a muchos problemas de salud, pero siguió cantando hasta sus últimos días.
Supongo que Billy sería vecino de West Hampstead, por eso que le hayan dedicado el callejón con su nombre, el pasadizo no sería especial si no fuera porque allí mismo, justo en el trozo de pared que da a la calle, casi en frente del metro, han pintado un precioso graffiti con la imagen del cantante, alzándose el cuello de su chaqueta, y con su peinado rockabilly.
Al sacar mi cámara para hacerle una foto, pensé que estaba muy bien esta dedicatoria, pues un callejón es muy rocker, con sus gatos callejeros rondando al anochecer. Por el animado barrio, y por Billy Fury, merece la pena acercarse hasta allí.
Posiblemente nunca hubieramos ido a visitar Harrow on the Hill, al noroeste de Londres, sino fuera porque un amigo mío vive allí desde hace un año aproximadamente. Así que gracias a él, descubrimos esta recóndita parte de la ciudad, alejada de los circuitos más turísticos y que merece mucho la pena.
El barrio está situado en una bonita colina, y es una zona pija donde hay un campus universitario, además de varias escuelas católicas y anglicanas. Una de ellas es la Harrow School, fundada en el siglo XVI, donde estudió entre 1801 y 1805 el famoso poeta romántico inglés, George Gordon Byron, sexto Barón de Byron. Una anécdota más reciente de la escuela es que en su biblioteca se rodaron varias escenas de la saga cinematográfica de Harry Potter.
Muy cerca de la escuela, en lo alto de la colina de Harrow, se encuentra Saint Mary’s Church, que data del 1094, y hasta allí nos llevó nuestro amigo para enseñarnos un lugar muy especial. Para acceder a la vieja iglesia medieval, hay que atravesar el Lyth Gate y después, al lado de un cementerio de aires góticos, se encuentra un pequeño rincón dónde Lord Byron escribió algunos de sus primeros poemas.
Sentado allí, junto la tumba de John Peachey y debajo de un viejo olmo, buscaba la inspiración para su poesía. Además, justo desde este punto a lo alto, tenía una vista magnifica de los alrededores. Aquí mismo hace más de 200 años, Lord Byron pasó muchos ratos en soledad para evadirse de las rutinas diarias del colegio.
Allí todavía uno se puede encontrar con la tumba de Peachey, el olmo, y un par de placas conmemorativas, una de ellas con unas líneas de Lord Byron, escritas durante la estancia en la escuela. Poco después de dejar Harrow School, escribió su primer libro de poesía llamado “Horas de Ocio” que seguro fue fruto de los muchos momentos pasados en aquel mismo lugar.
Camille Pissarro es uno de los grandes maestros de la pintura universal. Antes de desarrollar su propio estilo, puro impresionista, pasó una temporada en Londres donde coincidió con Claude Monet. Los dos investigaban haciendo estudios de edificios y paisajes envueltos en humos o nieblas. Como a los artistas de la escuela de Barbizon, a Pissarro le gustaba salir a pintar la naturaleza al aire libre, no metido en el estudio como se había hecho siempre hasta entonces.
Durante su estancia londinense debió vivir cerca de Sydenham, al sur de la ciudad. En esta zona pintó algunos de sus cuadros de esta época, como el famoso “The Avenue Sydenham” de 1871, que hoy se encuentra en la National Gallery.
Curiosamente, durante el mes de julio nosotros estuvimos alojados en este barrio por el que Pissarro hizo alguno de sus cuadros. En uno de mis paseos fotográficos y de investigar los alrededores, llegué hasta el parque llamado “Sydenham Hill Wood and Cox’s Walk”, que resulta ser un pequeño y frondoso bosque en medio de la ciudad, refugio natural de plantas, murciélagos y mariposas.
En este lugar hay un puente de hierro, desde el cual Camille Pissarro pintó uno de los cuadros de su primera estancia en Londres, llamado “Lordship Lane Station”. Hoy en día la vista que tuvo el pintor ha desaparecido devorada por el paso del tiempo y la vegetación, que se ha tragado la antigua línea ferroviaria.
En este mismo lugar en el que yo me encontraba ahora, estuvo este pintor francés hace 140 años. Desde entonces todo ha cambiado, se ha transformado, pero él atrapó su momento en forma de pintura en un cuadro y lo convirtió en inmortal.
No tengo mucha idea sobre la religión hindú, me refiero a que solo sé cosas sueltas de lo que es el hinduismo. He leído que es “una mezcla de creencias procedentes de diversos pueblos, que se remonta nada menos que a los arios cuando llegaron a la India, y es considerada por sus practicantes la tradición religiosa más antigua del mundo. Carece de una doctrina única y esta estructurado por diversas religiones a veces hasta contrarias en sus formas”. Vamos, un lío morrocotudo. Para no enrollarme contando lo que uno puede curiosear en Internet, me voy a centrar en lo que quería contar relacionado con el hinduismo.
Es de sobra conocido que en Londres hay una importante comunidad hindú, al fin y al cabo la India fue colonia británica hasta mediado el siglo XX, con lo cual la relación con la metrópoli fue estrecha a los largo de las décadas. Hoy en día hay unos 500.000 indios en Londres.
Justo cerca de aquí, en el barrio en el que vivo, dónde hay un 18% de población de origen india, está el templo hindú más grande de Londres, popularmente conocido como Neasden Temple, pero que realmente se llama BAPS Shri Swaminarayan Mandir.
Así que movido por la curiosidad, me acerqué a verlo y la verdad es que es una bonita obra de arte, hecho con un montón de mármol y con mucha decoración típica de los templos de tradición veda. Iba a ser la primera vez en mi vida que entraba a un templo hindú. Al llegar me llevé un pequeño chasco pues no te permiten meter la cámara de fotos en el templo, solo puedes hacer fotos desde fuera del recinto, así que la tuve que dejar en consigna. Después me tuve que descalzar y dejar los zapatos en un enorme zapatero y ya estaba preparado para acceder al templo.
Dentro hay una exposición sobre la construcción del templo, sobre su fundador espiritual y su sucesor, a la que no pude entrar porque cutre de mi, no llevaba dinero en metálico encima, así que puse cara de lo siento y subí la escalera para ver lo que es solo el recinto del templo sin pararme en la exposición.
Ya en su interior pude comprobar que es de una gran belleza, con arcos polilobulados, cúpulas llenas de filigranas, columnas con relieves indios, e imágenes de algunos de los diferentes dioses. Allí la sensación que tuve fue la misma que al entrar en cualquier otro templo de otra religión, mucho respeto, silencio, gente rezando, cierto misticismo en el ambiente. Estuve un buen rato contemplándolo todo, y después pasé un rato curioseando la tienda que hay allí, con sus souvenir y demás. Me puse los zapatos, abandoné el templo, recogí mi cámara e hice unas fotos desde el exterior.
El pasado mes de julio estuvimos alojados en el barrio de Lewisham, al sureste de Londres. Curioseando la historia del barrio en Internet descubrí un triste hecho histórico ocurrido en esta zona durante el curso de la II Guerra Mundial.
A los nazis, que no eran precisamente unos buenos tipos, si que se les daba bien fabricar artilugios bélicos. En su frenética carrera por hacer el mayor daño posible, inventaron las bombas volantes para intentar doblegar la moral de los ingleses y de paso, atemorizar a los enemigos con la invención de nuevas armas secretas que cambiaran el curso de la guerra. Aunque las popularmente llamadas V-1 tuvieron sus primaras pruebas en 1941, no fue hasta 1944 que estuvieron totalmente preparadas para ser utilizadas en acción de guerra.
“La V1 fue el primer misil que se usó en la Segunda Guerra Mundial, y atemorizó a los londinenses durante el ultimo año de contienda. Por su sonido característico los ingleses la apodaron “doodlebug” que era un insecto australiano que haría un ruido parecido.
El 13 de junio de 1944 cayó la primara V1 sobre Londres, se lanzaron unas 10.000 de las cuales 2.419 alcanzaron la ciudad. Los ingleses consiguieron destruir 4.281 antes de que tocaran suelo. Las V1 mataron a 6.184 personas y dejaron heridas a 17.981”
De todas estas victimas, 59 murieron y 124 fueron heridas el 23 de julio de 1944, en el Mercado de Lewisham. La bomba cayó justo al nivel del suelo enfrente del Marks and Spencer y destruyó unas cien tiendas y dañó los edificios en 600 yardas a la redonda. Además, hizo impacto cuando las tiendas estaban llenas de gente comprando, los autobuses circulando y los cafés abiertos. La zona no se reconstruyó hasta después de la guerra y hoy en día sigue siendo un dinámico mercado y zona comercial.
Aprovechando que vivíamos cerca fui a visitar el lugar de la tragedia. Según leí había una placa conmemorativa en la puerta del Marks and Spencer, que me costó encontrar, pues está a ras de suelo. Debido a estar sobre la acera, ha sido millones de veces pisada y casi borrada. Pese a ello conseguí hacerla una foto en la que se puede leer la inscripción, en memoria de los allí fallecidos deberían restaurarla.
Fuente: Wikipedia, y Web “Flying bombs and Rockets”.
Mi primera visita a Londres como turista fue en 1991, como parte de un ínter raíl que hice con una amiga de la universidad. Nos alojamos en un Bed and Breakfast de Earls Court, y como cosa curiosa de aquella vez he de decir que salimos en la tele, durante la emisión del programa musical Rap Rap Rápido.
Fuimos al Marquee a ver a The Joshua Trio, una banda de humor que versioneaba a su manera a U2 con gran sentido de la ironía. U2 acababa de sacar Achtung Baby y el ácido grupo hacía parodia de los u2 de aquel momento. Esto llamó la atención del programa de música nacional y fue a grabar su actuación y voilá, allí entre los asistentes estábamos nosotros, que fuimos filmados en un plano secuencia de izquierda a derecha. Pero lo que es más curioso aún, es que estando ya en Madrid en un bar, nos vimos por la tele por sorpresa, lo cual fue alucinante. Como repetían el programa, lo pudimos grabar y todo, aunque ya ni sé donde anda aquella cinta de vhs.
Años después, durante el verano de 1998, cuando Francia se proclamó campeona del mundo de fútbol, Noelia y yo vivimos en Londres. Éramos estudiantes, que como otros muchos, íbamos a disfrutar de una gran experiencia cosmopolita, intentar aprender algo más de inglés y trabajar en lo que se podía para pagarnos la estancia. De aquel lejano ya verano quedaron muy buenos recuerdos de esta ciudad, que hoy reviven con ilusión.
Londres es pues ya una vieja conocida. También volvimos en 2007 de vacaciones, a recordar los lugares ya vividos y a hacernos un freak tour tras los pasos de las localizaciones de la película Quadrophenia de los Who, que nos llevó desde Shepherd’s Bush hasta Brighton.
Si hace trece años me dicen que iba a volver para vivir otra vez aquí ni me lo hubiese podido imaginar, pero el destino es así, y aquí estamos otra vez.
Como Londres siempre tiene algo nuevo por hacer, tuvo que ser el pasado mes de julio cuando disfrutamos por primera vez de un paseo en barco por el Támesis. Aprovechando la visita que hicimos a Greenwich, cogimos un ferry de los “baratos” que nos llevaba hasta casi el parlamento, y la verdad es que nos encantó.
Además, curiosamente fue el primer dia de sol y de calor que hizo en julio lo que ayudó a que salieran unas fotos muy chulas. También te puedes coger un barco más lento y más caro, pero con el ferry te da tiempo de sobra a ver las cosas y a disfrutar un montón. Seguro que repetiremos viaje por el río, pues merece mucho la pena.
La primera semana de junio fueron nuestros últimos días en Estados Unidos. Apenas tuvimos tiempo para nada, pues estuvimos más que entretenidos desmontándolo todo. Fueron días calurosos y de ajetreo, pero con tristeza de tener que dejar atrás esta maravillosa etapa de nuestras vidas. Lo vivido en Estados Unidos fue feliz e intenso, buena prueba es este blog durante los últimos cuatro años. Hemos sido afortunados por poder vivir en América, nos han tratado fenomenal y hemos disfrutado muchísimo. Aprovecho para dar las gracias a todos los que nos ayudaron y nos apoyaron.
Mientras recogíamos el campamento hice una visita a un lugar de Sioux City que nunca antes había visitado, un museo del ferrocarril en una antigua planta de reparación de trenes que había a las afueras de la ciudad. Viviendo aquí uno se da cuanta de la importancia del ferrocarril, sobre todo durante los siglos XIX y XX. Aunque hoy en día sigue siendo parte del paisaje, con esos largos trenes de transporte de mercancías, el tren de pasajeros quedó más relegado a un segundo plano debido a la pujanza del transporte por carretera.
También pudimos visitar por fin el nuevo museo gratuito de la ciudad en Sioux City, que está fenomenal, en el que principal protagonista del mismo son sus gentes, los inmigrantes que construyeron con su esfuerzo esta gran ciudad del medio oeste y el recorrer de sus vidas a lo largo de la historia.
Una vez desmontada la casa y la vida americana, con la cabeza repleta de recuerdos y buenas sensaciones, nos despedíamos de Omaha con una bonita cena en un típico diner cincuentero al que nos llevó nuestra amiga Jill. Qué mejor forma de decir adiós que en uno de estos restaurantes que tanto nos gustan, debido a nuestro amor por la música y la estética de los años del primer rock and roll.
Mientras el avión se elevaba sobre el inundado río Missouri, las lágrimas nos llenaban los ojos, pero más que por la tristeza del adiós, por la alegría de todo lo vivido. Por ahora habían sido los años más intensos de nuestras vidas, una experiencia difícil de olvidar y posiblemente de superar.
Nuestro próximo destino está en Europa, vamos a ser vecinos de Londres desde el próximo mes de septiembre, así que Mundo Linóleo seguirá al pie del cañón desde las Islas Británicas.
Una nueva etapa de nuestras vidas se abre, el futuro ya está aquí.
Dejábamos atrás la Isla de Maratón y volvíamos a Miami a pasar la última noche en Florida, cuando descubrimos la cara más amarga de la bonita Scenic Highway. Un viaje de dos horas iba a convertirse en uno de cinco debido al gran atasco que se formó aquella mañana del 31 de Mayo.
Por lo menos llegamos a tiempo de la comida, fuimos al restaurante cubano Puerto Sagua en Miami Beach, uno de los más recomendados en las guías de viajes, pero que para sorpresa nuestra tiene unos precios muy populares y pudimos disfrutar de nuevo de una estupenda comida cubana antes de irnos a la playa. Cabe destacar su estupendo café cubano, dicen que es uno de los mejores de la ciudad.
Por la tarde, después de reposar el lonche, nos dimos nuestros últimos baños en South Beach, rodeados de los afroamericanos que habían venido al Black Beach Weekend. Esta playa del sur de Miami (SoBe), es famosa por su arena clara, pero también por tener una fuerte resaca que te aleja de la orilla, de eso que sean más necesarias aún las famosas casetas de colores de los socorristas. Además, aquí el agua en un poco menos caliente que en los Cayos, por lo que te refresca un poco más.
Una gran nube tropical nos hizo abandonar la playa. Paseamos hasta el aparcamiento contemplando por última vez el bonito paseo marítimo de Ocean Drive, y nos fuimos al Motel Bianco. Éste Motel esta situado en Biscayne Boulevard, que es la zona de Miami donde se encuentran muchos moteles construidos en los años cincuenta en un estilo arquitectónico característico de la ciudad llamado MiMo ( Miami Modern).
Es una arquitectura de estilo futurista, pero adornada con elementos glamurosos tan habituales en Miami. Este barrio es una autentica gozada para los amantes de los moteles de aquella época, con sus carteles de neon (Googies), y sus bonitas formas retrofuturistas.
Ya no quedaba tiempo para mucho más, había sido una semana estupenda para todos nuestros sentidos. A la mañana siguiente volvimos a Iowa, al despegar dijimos hasta la próxima a Florida.
Los dos últimos días en Florida los gastamos disfrutando de la visita a Cayo Hueso (Key West en inglés) y regresando a Miami para darnos un baño de despedida en South Beach.
Key West es la isla más poblada de los Cayos, famosa por ser el punto más al sur de los Estados Unidos y por haber tenido ilustres residentes a lo largo de su historia como Ernest Hemingway o el presidente Truman.
Fue en su día refugio de piratas, parte del imperio español y un importante lugar para el comercio y la pesca en la zona. Hoy en día, además de estar dedicada casi en su totalidad al turismo, aún sigue siendo sede de un destacado puerto militar de la US Navy. Se le conoce como el Gibraltar del Caribe por su privilegiada posición estratégica.
En un tiempo inaccesible, incluso se llegó a separar de los Estados Unidos bajo el nombre “The Conch Republic”, después de la construcción de la carretera de los cayos recibe miles de visitas de todo el mundo. Han respetando su arquitectura original, con casas de madera, de colores y de estilo colonial, lo que le da un encanto especial. Pero su bullicio en el centro, lleno de bares y de tiendas de souvenir, además de los elevados precios, hacen que uno piense que ahora es un sacacuartos.
Key West es el punto más cercano a Cuba de los Estados Unidos, tan solo 90 millas la separan de la Isla caribeña. Es de obligada visita hacerse una foto en el monumento que recuerda que estás en el punto más al sur de Estados Unidos y muy cerca de Cuba. Hay incluso que hacer cola para poder inmortalizar el momento.
Los herederos de Hemingway sacan una buena tajada por la visita a la casa que el escritor tenía en la isla, pero una vez has llegado hasta aquí merece la pena aguantar el sablazo y entrar a ver su refugio isleño. En un bonito conjunto de edificios se guardan algunas de sus pertenencias, incluida la maquina de escribir con la que se supone hizo el 70% de sus obras. Pero lo más curioso es ver a los descendientes de sus gatos, que tienen la particularidad de tener manos con seis dedos. Los mininos campan a sus anchas por la casa, incluso se suben a dormir a lo que era su cama. Tienen hasta su propia fuente en el patio y su cementerio gatuno.
No nos quedamos a ver sus famosos atardeceres, pues prefiero ver un atardecer a solas que rodeado de cientos de turistas y saltimbanquis por en medio. Así que después de comer pusimos rumbo al Hotel y a contemplar la puesta de sol desde el Seven Mile Bridge.